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MIS PADRES ME DIERON EN ADOPCIÓN POR SER NEGRA


Sara-Jayne King relató la historia de su adopción en su libro "Killing Karoline".

En 1980, una bebé fue entregada en adopción por tener el color de piel equivocado: era de raza mestiza, sus padres eran blancos y esto era Sudáfrica en tiempos del apartheid. Tras ser criada por una pareja blanca en Reino Unido, la joven sintió la necesidad de encontrar su lugar en el mundo. Lo halló cuando regresó a su país de nacimiento.


Cuando el avión aterrizó en Johannesburgo, Sara-Jayne King contuvo la respiración. Habían pasado más de 25 años desde la última vez que había estado en Sudáfrica. No tenía un recuerdo consciente de ello, se había marchado cuando tenía apenas siete semanas de vida con su madre biológica, que iba a dejarla en Inglaterra.


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Los años siguientes no fueron fáciles. Ser mestiza en un barrio blanco de clase media no fue algo sencillo para ella, sabía que era diferente a sus padres, pero nunca pensó en que "ser negra" era parte de su identidad hasta que otros se lo marcaron.


Los detalles de su adopción eran vagos. Le habían dicho que su madre adoptiva no podía tener hijos, y que ella había llegado de Sudáfrica. Eso fue todo.

En el pueblo británico de clase media blanca en el que vivía Sara-Jayne, no había otras personas de color.

Tenía un hermano mayor que también era adoptado y negro. Su única referencia a otra gente negra estaba en los programas de televisión donde no mostraban una imagen ni halagadora ni realista de la gente de color.


Mientras que Sara-Jayne creía que ser negra era malo, pronto aprendió que había diferencias de grado. Mientras que su negritud podía ser poco deseable, la de otros podía ser atractiva.


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A los 14 años, Sara-Jayne hizo un descubrimiento inesperado, mientras fisgoneaba en el cuarto de su madre, encontró una carta de su madre biológica escrita casi un año después de su nacimiento. La carta estaba dirigida a ella. La abrió y empezó a leer.


Contaba la historia de su adopción hasta en los más mínimos detalles, enterándose de que su madre biológica había tenido una aventura con un hombre negro. Cuando quedó embarazada, no sabía quién era el padre. Cuando nació, la niña se veía blanca y su mamá la bautizó Karoline. Pero unas semanas más tarde, su madre se dio cuenta de que, de hecho, no era blanca.

La mirada de los otros hizo que ella asumiera que era diferente.

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Por ende, era la hija de su amante negro, y los términos de adopción iniciaron para ella y cuándo se llevó a cabo, sus padres les dijeron a todos que había muerto. Sara-Jayne no podía aceptar que su madre la hubiera abandonado y que, además, hubiera pretendido que su hija estaba muerta.


Un par de años después de leer la carta, en su primer año de la carrera de abogacía en la Universidad de Greenwich, en Londres, contactó a su madre biológica a través de la agencia de adopción.


La amargura por el rechazo ya había empezado a manifestarse en Sara-Jayne incluso antes de leer la carta. A los 13 años ingirió una sobredosis de paracetamol y, más tarde, empezó a cortarse la piel.

En esa época, Sara-Jayne desarrolló problemas de alimentación y empezó a automedicarse con alcohol y codeína. A pesar de ello, logró terminar su carrera y completar un máster en periodismo de la Universidad de Canterbury.


Consiguió buenos trabajos y se mudó de Inglaterra a Dubái, donde comenzó a construir una exitosa carrera en la radio. Pero su pasado le pesaba. Su padre adoptivo ya no estaba involucrado en su vida, su hermano se había suicidado y su madre biológica la había rechazado por segunda vez.


Por sus problemas de adicción, perdió su trabajo en Dubái. llegó a un punto límite. Era 2007 y Sara-Jayne decidió buscar ayuda. Descubrió que los centros de rehabilitación eran más baratos en Sudáfrica.


Cuando llegó al lugar que había nacido sintió que ella pertenecía ahí, pensando, ¨estoy en casa¨, queriendo asumir su identidad negra sudafricana.


Sara-Jayne finalmente logró encontrarse con su padre biológico.

Fuente: bbc

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